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El IEO lidera un estudio que demuestra la eficiente estrategia de depredación del calamar

El calamar se erige como uno de los depredadores más hábiles del reino animal

Su estrategia de depredación maximiza el éxito de la captura repercutiendo directamente en su supervivencia

El COB lidera un estudio que demuestra la eficiente estrategia de depredación del calamar
Estrategia de depredación del calamar. © Miguel Cabanellas Reboredo - COB/IEO

Un reciente estudio liderado por investigadores del Centro Oceanográfico de Baleares del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en colaboración con investigadores del Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC, demuestra cómo el calamar adapta eficientemente su depredación al escenario de caza y a las características de la presa a la que se enfrenta.

Palma, 11 de septiembre de 2020. El emblemático calamar de potera (Loligo vulgaris) no solo ostenta un elevado valor socioeconómico, sino que también juega un papel clave en el ecosistema siendo presa de multitud de especies (desde peces a cetáceos y aves marinas) a la vez que un incansable depredador de muchas otras. De hecho, esta perfecta máquina diseñada para estar en constante movimiento, alcanzar la madurez y reproducirse en menos de un año (la hembra puede llegar a poner hasta 72.000 huevos) requiere de un constante aporte energético. En consecuencia, parece innegable que la depredación juega un papel crucial en la rápida e intensa vida de este cefalópodo.

El calamar opta siempre por acercarse lentamente hasta una distancia óptima para lanzar sus tentáculos para capturar las presas más grandes y rápidas (como por ejemplo peces, los cuales presentan una mayor capacidad para el escape) así como presas que se le presentan a una mayor distancia. No obstante, evitan lanzar estas herramientas depredadoras si se trata de cazar presas con una menor capacidad de escape (por ejemplo, las gambas, más lentas y pequeñas), seleccionando una estrategia en la que arrinconan a la presa para abalanzarse finalmente con los 8 brazos abiertos e inmovilizándola con ellos.

En cada una de las fases de esta depredación, el calamar adopta un patrón corporal (posición, locomoción y coloración) en función del tipo de presa, puesto que la captura de una presa mayor implica un nivel de estrés mayor que se traduce en una expansión de las células (cromatóforos) que confieren al calamar un tono pardo-encendido en señal de excitación. Este patrón corporal no sucede normalmente durante la depredación de las gambas, ya que el calamar permanece poco alterado y en consecuencia translúcido (cromatóforos contraídos). Estas células también posibilitan al calamar adoptar un mimetismo con el que confundir a su presa o incluso a los potenciales depredadores.

Una vez capturada, una etapa clave es asegurar y posteriormente consumir la presa. En los experimentos realizados, las gambas no presentaron mayor problema porque quedan totalmente englobadas entre los brazos del calamar y son consumidas vivas. Sin embargo, y análogamente a otros grandes depredadores vertebrados que matan a sus presas antes de consumirlas, como por ejemplo la boa constrictor, el calamar aniquila las grandes presas con un mordisco letal en su zona dorsal mientras son inmovilizadas con la ayuda de sus brazos y tentáculos. Esto permite a los calamares capturar peces mucho mayores que ellos y posteriormente consumirlos en dirección cabeza-cola con el fin de evitar cualquier daño que pudieran causar las espinas en su delicada piel.

Los calamares más grandes son los que devoran con mayor rapidez y en su totalidad a sus presas. Probablemente, esta tasa de consumo mayor y más rápida se deba a que los calamares de mayor talla son de mayor edad y en consecuencia, son más experimentados y también dotados de herramientas de consumo mayores.

“En conclusión, el calamar ejecuta estrategias de depredación y adopta patrones corporales en función del grado de exigencia de las diferentes presas a las que se enfrenta, con el fin de maximizar el éxito de captura repercutiendo directamente en la supervivencia de esta especie”, concluye Carreño, primer autor del estudio.

Referencia bibliográfica: Alejandro Carreño Castilla, Jorge Hernández-Urcera, Adam Gouraguine, Ángel Guerra and Miguel Cabanellas-Reboredo, 2020. Predation behaviour of the European squid Loligo vulgaris. Journal of Ethology volume 38, pages311–322 (2020). https://doi.org/10.1007/s10164-020-00652-4

Vídeo: http://www.momo-p.com/showdetail-e.php?movieid=momo200615lv01a

El Instituto Español de Oceanografía (IEO) es un organismo público de investigación (OPI), dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, dedicado a la investigación en ciencias del mar, especialmente en lo relacionado con el conocimiento científico de los océanos, la sostenibilidad de los recursos pesqueros y el medio ambiente marino. El IEO representa a España en la mayoría de los foros científicos y tecnológicos internacionales relacionados con el mar y sus recursos. Cuenta con nueve centros oceanográficos costeros, cinco plantas de experimentación de cultivos marinos, 12 estaciones mareográficas, una estación receptora de imágenes de satélites y una flota compuesta por seis buques oceanográficos, entre los que destaca el Ramón Margalef y el Ángeles Alvariño. El Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y, en particular, el Programa Operativo de I+D+i por y para el Servicio de las Empresas (Fondo Tecnológico), participa en la cofinanciación de los buques Ramón Margalef, Ángeles Alvariño y Francisco de Paula Navarro, así como en el Vehículo de Observación Remota (ROV) Liropus 2000.

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Las presiones actuales y los cambios futuros en la circulación del Atlántico Norte afectarán a los ecosistemas marinos del océano profundo

Entender los efectos de la circulación y las características oceanográficas del Atlántico Norte en el pasado y el presente ayudarán a predecir mejor los riesgos sobre estos ecosistemas y cómo mitigarlos

Establecer medidas de gestión más eficientes permitirá conservar estos ecosistemas tan preciados y frágiles y explotar los recursos marinos de manera sostenible

Las presiones actuales y los cambios futuros en la circulación del Atlántico Norte afectarán a los ecosistemas marinos del océano profundo
Diversidad de los Ecosistemas Marinos Vulnerables. Imágenes: (A) Department of Fisheries and Oceans, Canada. (B) INDEMARES project (C) J.M. Roberts, University of Edinburgh. (D) ATLAS project. (E-F) Steve Ross, University of North Carolina Wilmington.

Un equipo científico recopila la información publicada hasta la fecha sobre los efectos de las propiedades de las masas de agua en la megafauna bentónica del océano profundo para entender los procesos oceanográficos que afectan y controlan la biodiversidad y la biogeografía de estas comunidades. El estudio presenta, además, una predicción de estas propiedades para 2100 con el objetivo de evaluar los posibles impactos en estas comunidades. El trabajo se ha llevado a cabo por investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en colaboración con instituciones internacionales participantes en el proyecto ATLAS del programa Horizonte 2020.

Palma, 20 de agosto de 2020. La circulación de las corrientes en el Atlántico Norte ha cambiado y se ha reorganizado en múltiples ocasiones a lo largo de millones de años, influyendo sobre la biodiversidad, distribución y conectividad de las especies y ecosistemas del océano profundo.

Un estudio liderado por el Instituto Español de Oceanografía a través del Centro Oceanográfico de Baleares, en colaboración con la Scottish Association for Marine Science, el Centro OKEANOS del Instituto do Mar, la School of GeoSciences de la Universidad de Edimburgo, el Institute of Oceanography de Canadá, la University of North Carolina Wilmington, el Institute of Oceanography de Taiwan y MARBEC, reúne la información publicada hasta la fecha sobre los efectos de las propiedades de las masas de agua -como la temperatura, la salinidad, la disponibilidad de alimento, y la química del carbonato y oxígeno- en la megafauna bentónica de profundidad en el Atlántico Norte. La recopilación de esta información, basada en trabajos experimentales, observaciones in situ y resultados de diferentes modelos estadísticos, es clave para entender los procesos oceanográficos que controlan la biodiversidad y la biogeografía de los organismos bentónicos de las profundidades.

De los organismos presentes entre los 200 y más de 3000 metros de profundidad, las esponjas y los corales de aguas frías son de particular interés puesto que forman parte de las especies estructuradoras de los ecosistemas bentónicos, formando hábitats tridimensionales complejos con una gran diversidad de fauna asociada y que, en algunos casos, constituyen parte de los llamados ‘Ecosistemas marinos vulnerables’. Por su fragilidad, longevidad y el crecimiento lento de los organismos que los componen, estos ecosistemas son muy susceptibles a los impactos físicos y a los originados por el cambio global, resultando por ello muy difícil y lenta su recuperación.

Los resultados del estudio reflejan que la temperatura es probablemente la principal variable que controla los patrones recientes de biodiversidad a gran escala. Afecta además, entre otros parámetros, al metabolismo, la reproducción y la conectividad, a pesar de que las respuestas pueden ser muy diferentes para cada especie. A una escala espacial más local, como las diferentes regiones del Atlántico Norte o incluso a nivel de montañas submarinas o cañones, la disponibilidad de alimento parece ser uno de los factores más importantes para el bentos profundo. La química del carbonato es especialmente relevante para organismos como los corales, puesto que el nivel de pH del agua determinará su posibilidad de crecimiento o la disolución de sus esqueletos. Finalmente, la expansión de áreas con muy bajos niveles de oxígeno disuelto en el Atlántico podría afectar la supervivencia, distribución y conectividad de muchos organismos profundos.

Por otra parte, los expertos han utilizado modelos de predicción, con un horizonte temporal del año 2100, para evaluar la evolución de las propiedades de las masas de agua y sus posibles impactos en los ecosistemas profundos del Atlántico Norte. El ritmo y la intensidad de los impactos del cambio climático varían a lo largo de las diferentes regiones. Sin embargo, las predicciones para 2100 indican que todo el Atlántico Norte estará expuesto a múltiples impactos, como un calentamiento del agua de más de 2ºC, reducción del flujo de carbono orgánico en hasta un 50%, la acidificación y subida del horizonte de saturación de carbonato y/o la reducción del oxígeno disuelto hasta un 5%. Al menos uno de estos impactos resultará crítico para la supervivencia de los corales de aguas frías: se calcula que el 75% de los que se encuentran por debajo de 1000 metros de profundidad se encontrarán expuestos a aguas ácidas que podrían disolver sus esqueletos.

Las regiones situadas más al norte sufrirán los impactos más severos. Un océano profundo más caliente y ácido reducirá drásticamente el hábitat adecuado de esponjas y corales de aguas frías, llevando a un declive de las poblaciones que podría comprometer su supervivencia a largo plazo. La pérdida de biodiversidad y la reducción de la distribución geográfica de las especies limitarían fuertemente la conectividad entre ambos lados del Atlántico Norte. Estos efectos, además, se verían agravados por la reducción de los flujos de carbono a los fondos marinos, especialmente en zonas donde el alimento ya es limitado. El declive de la biomasa bentónica y la biodiversidad disminuirá los servicios que ofrecen estos ecosistemas como hábitats de cría para muchas especies, protección, reciclado de nutrientes, etc.

Por tanto, el trabajo revela que es bastante improbable que los ecosistemas marinos vulnerables del océano profundo, ya afectados por los impactos antropogénicos y los efectos crecientes del cambio climático, puedan soportar presiones adicionales derivadas de otras actividades humanas como, por ejemplo, la pesca no sostenible, la minería, etc. El estudio advierte de la necesidad de proteger estos ecosistemas, pero también pone de manifiesto la necesidad aún de obtener información relevante (rangos de tolerancia, capacidad de adaptación, resiliencia, etc.) sobre los procesos biológicos y los límites ambientales para el correcto funcionamiento de los mismos y la dinámica oceanográfica del océano profundo.

“Entender mejor los efectos de las masas de agua nos ayudará a entender mejor los riesgos y cómo mitigarlos, por ejemplo, dónde ser más cautelosos en el desarrollo económico y explotación de los recursos marinos, dónde es más necesario invertir en seguimiento y gestión o cómo establecer medidas de regulación y protección más eficientes para conservar estos ecosistemas tan preciados y frágiles”, subraya Puerta, primera autora del trabajo.

Más allá de la planificación espacial marina, los diferentes marcos de regulación y las acciones de conservación, la llamada ‘economía azul’ debería desarrollarse siguiendo el principio de precaución para no llevar a un límite cada vez más cercano la explotación de los recursos marinos y asegurar así un desarrollo sostenible.

El estudio se ha realizado en el marco del proyecto “A Trans-Atlantic assessment and deep-water ecosystem-based spatial management plan for Europe” de acrónimo ATLAS financiado por el programa Horizonte 2020 de la Unión Europea (Acuerdo de subvención nº 678760).

Referencia bibliográfica: Patricia Puerta, Clare Johnson, Marina Carreiro-Silva, Lea-Anne Henry, Ellen Kenchington, Telmo Morato, Georgios Kazanidis, José Luis Rueda, Javier Urra, Steve Ross, Chih-Lin Wei, José Manuel González-Irusta, Sophie Arnaud-Haond and Covadonga Orejas, 2020. Influence of Water Masses on the Biodiversity and Biogeography of Deep-Sea Benthic Ecosystems in the North Atlantic. Front. Mar. Sci., 7:239. https://doi.org/10.3389/fmars.2020.00239

El Instituto Español de Oceanografía (IEO) es un organismo público de investigación (OPI), dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, dedicado a la investigación en ciencias del mar, especialmente en lo relacionado con el conocimiento científico de los océanos, la sostenibilidad de los recursos pesqueros y el medio ambiente marino. El IEO representa a España en la mayoría de los foros científicos y tecnológicos internacionales relacionados con el mar y sus recursos. Cuenta con nueve centros oceanográficos costeros, cinco plantas de experimentación de cultivos marinos, 12 estaciones mareográficas, una estación receptora de imágenes de satélites y una flota compuesta por seis buques oceanográficos, entre los que destaca el Ramón Margalef y el Ángeles Alvariño. El Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y, en particular, el Programa Operativo de I+D+i por y para el Servicio de las Empresas (Fondo Tecnológico), participa en la cofinanciación de los buques Ramón Margalef, Ángeles Alvariño y Francisco de Paula Navarro, así como en el Vehículo de Observación Remota (ROV) Liropus 2000.

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