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El Centro Oceanográfico de Baleares del IEO adquiere equipamientos de vanguardia para la investigación en ciencias marinas

Se han adquirido un nuevo sistema de muestreo para el buque Francisco de Paula Navarro, un analizador automático para estudiar el sistema del CO2 en agua de mar y un citómetro de flujo de última generación.

Estas nuevas infraestructuras, valoradas en más de 1.000.000 €, han sido financiadas con el Factor de Insularidad (RDL 4/2019), en el marco de una convocatoria del Gobierno de les Illes Balears

El COB adquiere equipamientos de vanguardia para la investigación en ciencias marinas
Imagen del analizador de flujo segmentado sito en el laboratorio del COB © COB-IEO, CSIC

Palma, lunes 18 de noviembre de 2024. El Centro Oceanográfico de Baleares del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) ha dado un salto cualitativo en sus capacidades de investigación gracias a la adquisición de tres nuevas infraestructuras científicas de última generación, financiadas con el Factor de Insularidad (RDL 4/2019), con una inversión total superior a 1.000.000,00 euros.

“La adquisición de este equipamiento representa una apuesta firme a la innovación en la capacidad de dar respuesta científica a retos globales como el cambio climático y sus efectos en el Mediterráneo”, indica Salud Deudero, directora del Centro Oceanográfico de Baleares.

La primera de las infraestructuras es un nuevo sistema de muestreo de Variables Oceánicas Esenciales en la columna de agua (AJUEQCIEN 41/2024): una sonda de conductividad, temperatura y profundidad, sensores de oxígeno, fluorescencia, turbidez y luz, y botellas de muestreo de agua. Este sistema, que se instalará en el buque oceanográfico Francisco de Paula Navarro, mejorará las observaciones que se vienen realizando en todo el Mediterráneo desde hace más de 30 años. “Estas mediciones nos permiten ofrecer pronósticos, evaluaciones climáticas y proyecciones a futuro para proteger la salud de los océanos”, explica Rosa Balbín, oceanógrafa física del Centro Oceanográfico de Baleares.

Por otra parte, se ha adquirido un analizador de flujo segmentado para variables del sistema del CO2 en agua de mar con resultados rápidos y fiables (quick and quality) (AJUEQCIEN 89/2024). Este innovador equipamiento, el primero de su tipo en España, permitirá medir de forma automatizada variables esenciales del sistema de este gas de efecto invernadero en agua de mar, concretamente el carbono inorgánico disuelto total y la alcalinidad total. “Este equipo permitirá estudiar de manera más eficiente el papel del océano en la absorción de CO2, su almacenamiento y la acidificación oceánica, unos problemas clave en el contexto del cambio global”, explica Maribel García-Ibáñez, oceanógrafa química del Centro Oceanográfico de Baleares.

Por último, en el marco de estas ayudas, se ha adquirido un citómetro de flujo de alta gama y última generación, un aparato capaz de contar, clasificar y caracterizar las células de una muestra de forma automática y en escasos segundos. Este nuevo equipamiento (Advanced Spectral flow cytometry for Physiological, functional and gEnetic Characterization and sorting of mIcroorgAnisms, nanoparticles and vesicLes in the environment-AJUEQCIEN 58/2024) servirá para caracterizar la abundancia de diferentes poblaciones microbianas, desde la costa hasta el océano abierto, y desde la superficie hasta las profundidades del mar; la respuesta metabólica de los microbios a contaminantes emergentes; o caracterizar la abundancia de nano y microplásticos en el agua de mar, entre otros. “En conjunto, este equipo nos proporcionará capacidades innovadoras para abordar cuestiones medioambientales primordiales y establecerá al IEO como pionero en el campo de la citometría ambiental”, explica Eva Sintes, investigadora del Centro Oceanográfico de Baleares.

Financiación

Govern Balear - Factor d'Insularitat

Las tres infraestructuras han sido obtenidas en el marco de las ayudas a los centros públicos de investigación de les Illes Balears para la adquisición de equipamiento científico-técnico financiado con el Factor de Insularidad (RDL 4/2019):

  • AJUEQCIEN 41/2024. Sistema de muestreo de Variables Oceánicas Esenciales en la columna de agua. Importe ayuda concedida = 221.091,00 €
  • AJUEQCIEN 58/2024. Advanced Spectral flow cytometry for Physiological, functional and gEnetic Characterization and sorting of mIcroorgAnisms, nanoparticles and vesicLes in the environment. Importe ayuda concedida = 608.353,34 €
  • AJUEQCIEN 89/2024. Adquisición de un analizador de flujo segmentado para variables del sistema del CO2 en agua de mar con resultados rápidos y fiables (quick and quality). Importe ayuda concedida = 44.752,42 €

El Instituto Español de Oceanografía (IEO) es un Centro Nacional del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, dedicado a la investigación en ciencias del mar, especialmente en lo relacionado con el conocimiento científico de los océanos, la sostenibilidad de los recursos pesqueros y el medio ambiente marino. El IEO representa a España en la mayoría de los foros científicos y tecnológicos internacionales relacionados con el mar y sus recursos. Cuenta con nueve centros oceanográficos costeros, cinco plantas de experimentación de cultivos marinos, 12 estaciones mareográficas, una estación receptora de imágenes de satélites y una flota compuesta por cinco buques oceanográficos, entre los que destaca el Ramón Margalef y el Ángeles Alvariño. El Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y, en particular, el Programa Operativo de I+D+i por y para el Servicio de las Empresas (Fondo Tecnológico), participa en la cofinanciación de los buques Ramón Margalef, Ángeles Alvariño y Francisco de Paula Navarro, así como en el Vehículo de Observación Remota (ROV) Liropus 2000.

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La merluza: un recurso clave para la seguridad alimentaria mundial

El IEO participa en un estudio interdisciplinar que destaca las oportunidades y los retos del comercio internacional de merluza en la búsqueda de alimentos nutritivos y sostenibles

La merluza: un recurso clave para la seguridad alimentaria mundial
El estudio explora las oportunidades y los retos del comercio internacional de merluza, un recurso alimentario clave situado entre las especies con mayor valor nutricional a nivel global

Palma, jueves 14 de noviembre de 2024. Personal investigador de los centros oceanográficos de Baleares y Santander del Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC) han colaborado en un estudio liderado por el Institut Mediterrani d’Estudis Avançats (IMEDEA/UIB-CSIC) que explora las oportunidades y los retos del comercio internacional de merluza, un recurso alimentario clave situado entre las especies con mayor valor nutricional a nivel global.

El análisis, que se ha llevado a cabo en colaboración con la Universidad de Santiago de Compostela con el apoyo de la asociación científica Alimentta y la Fundación Daniel and Nina Carasso, destaca las oportunidades y los retos del comercio internacional de merluza en la búsqueda de alimentos nutritivos y sostenibles. Sin embargo, también advierte sobre el peligro que supone la sobreexplotación de este recurso.

En un contexto de demanda global creciente, la merluza se ha convertido en un alimento esencial, ampliamente distribuido y comercializado. Sin embargo, su explotación intensiva plantea importantes desafíos para su sostenibilidad. De las 22 especies conocidas, sólo seis representan la mayor parte de las capturas mundiales, alcanzando su pico en los años 70. Desde entonces, las capturas han disminuido de forma sostenida debido a la sobrepesca, lo que amenaza la disponibilidad futura de este recurso.

A pesar de esta tendencia, el comercio de merluza ha seguido creciendo en valor y volumen, aunque desde 2016 ha mostrado señales de estabilización. España es el principal importador mundial de merluza, con un mercado interconectado que incluye a países exportadores clave como Namibia, Argentina, Sudáfrica y Estados Unidos. Sin embargo, la exportación masiva de merluza desde países como Namibia o Argentina hacia Europa plantea preguntas sobre los posibles impactos negativos en la seguridad alimentaria de los países exportadores. Namibia, por ejemplo, juega un papel crucial como proveedor de merluza para España, pero gran parte de lo que se exporta no se destina únicamente a satisfacer el consumo interno, sino que es procesado y/o re exportado a otros países. Esta dinámica plantea dudas sobre si la exportación está socavando la necesidad de alimentar a la población doméstica en favor de los consumidores europeos, y si estos recursos podrían tener un uso más estratégico en la propia alimentación de las comunidades locales.

El estudio destaca el valor nutricional de la merluza, rica en proteínas y ácidos grasos esenciales, lo que la convierte en un alimento crucial para satisfacer las necesidades de una población mundial en aumento, proyectada a alcanzar los 9.800 millones en 2050. No obstante, si bien la merluza genera ingresos cruciales para países en desarrollo, este enfoque en la exportación podría estar afectando la disponibilidad de recursos alimentarios locales y, en última instancia, la seguridad alimentaria de estas economías emergentes. La sobreexplotación de las pesquerías y la dependencia de estos ingresos de exportación a corto plazo podrían tener impactos negativos a largo plazo, tanto para el medio ambiente como para las poblaciones vulnerables que dependen del pescado como una fuente clave de proteínas y micronutrientes.

Los autores sugieren que se promuevan modelos comerciales más justos que permitan una redistribución equitativa de los recursos. Es necesario cuestionar si, para los países en desarrollo, los beneficios económicos de exportar recursos pesqueros, como la merluza, compensan las potenciales repercusiones sociales y ecológicas, que además conlleva importantes problemas de malnutrición. La creciente demanda en Europa, y en especial en España que actúa no solo como consumidora directa, sino como redistribuidora, exacerba las preocupaciones sobre si las naciones exportadoras están sacrificando su seguridad alimentaria en favor de mercados más ricos y mejor conectados globalmente.

La conclusión del estudio es clara: el futuro de las pesquerías de merluza y su papel en la seguridad alimentaria global dependerán no solo de una gestión responsable sino también más equitativa. Será crucial encontrar un equilibrio entre la demanda creciente y la conservación de la biodiversidad, donde la cooperación internacional entre gobiernos, pescadores y responsables políticos será clave para asegurar la viabilidad de este recurso a largo plazo.

“Aunque la merluza podría contribuir significativamente a la seguridad alimentaria, el estudio advierte sobre la vulnerabilidad de este recurso alimentario ante cambios económicos, políticos y ecológicos” concluyen los autores.

Referencia bibliográfica: Andrés Ospina-Alvarez, Guilherme Martins Aragão, Lucía López-López, Sebastián Villasante and Joan Moranta (2024). Global hake production and trade: Insights for food security and supply chain resilience https://doi.org/10.20350/digitalCSIC/16603

El Instituto Español de Oceanografía (IEO) es un Centro Nacional del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, dedicado a la investigación en ciencias del mar, especialmente en lo relacionado con el conocimiento científico de los océanos, la sostenibilidad de los recursos pesqueros y el medio ambiente marino. El IEO representa a España en la mayoría de los foros científicos y tecnológicos internacionales relacionados con el mar y sus recursos. Cuenta con nueve centros oceanográficos costeros, cinco plantas de experimentación de cultivos marinos, 12 estaciones mareográficas, una estación receptora de imágenes de satélites y una flota compuesta por cinco buques oceanográficos, entre los que destaca el Ramón Margalef y el Ángeles Alvariño. El Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y, en particular, el Programa Operativo de I+D+i por y para el Servicio de las Empresas (Fondo Tecnológico), participa en la cofinanciación de los buques Ramón Margalef, Ángeles Alvariño y Francisco de Paula Navarro, así como en el Vehículo de Observación Remota (ROV) Liropus 2000.

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