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Un estudio del IEO y la UIB muestra algunas de las claves sobre la producción y consumo de atún en conserva

España es el principal productor de conservas de atún de Europa y el segundo a nivel mundial.

Un estudio del IEO y la UIB muestra algunas de las claves sobre la producción y consumo de atún en conserva
A diferencia del etiquetado del atún fresco, la normativa es más laxa para el atún en lata. Foto: Ilustración del proyecto Planettuna

El Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC) y la Universitat de les Illes Balears (UIB), en colaboración con el African Marine Expertise de Costa de Marfil y la asociación científica Alimentta, han publicado un informe, acompañado de una serie de contenidos gráficos y audiovisuales sobre las implicaciones económicas, sociales y medioambientales que hay detrás de las conservas de atún, una iniciativa que se enmarca en el proyecto Planettuna y que ha financiado la Oficina de Cooperació al Desenvolupament i Solidaritat de la UIB y la Direcció General de Cooperació del Govern de les Illes Balears con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT).

Palma, lunes 25 de marzo de 2022. Este estudio ahonda en la pesca de los atunes tropicales y el largo viaje que recorren hasta que son procesados y consumidos en cualquier lugar del mundo. “El sistema alimentario está cada vez más deslocalizado e internacionalizado, y la conserva de atún no es una excepción”, explica Patricia Reglero, investigadora del Centro Oceanográfico de Baleares del IEO y responsable de Planettuna.

“Una de las principales dificultades a las que nos enfrentamos es que la información sobre el largo viaje que recorren los atunes hasta que llegan a las latas no llega a las personas consumidoras, dificultando la posibilidad de tomar decisiones con la información adecuada y de forma responsable”, apunta la científica.

Con toda probabilidad, cuando una persona está comiendo una lata de atún en cualquier lugar del mundo está consumiendo diferentes especies de túnidos tropicales y, a veces, debido a la escala global de esta industria. Los atunes tropicales, en concreto el atún listado (Katsuwonus pelamis), atún de aleta amarilla o rabil (Thunnus albacares) y atún patudo (Thunnus obesus), se encuentran entre las principales especies marinas en volumen de pesca, sobre todo el listado, que ocupa el tercer lugar. Estas especies sustentan una gran industria global dedicada a su extracción, distribución, procesamiento y consumo. Destaca la posición de España, siendo el principal productor de conservas de atún de Europa (64%), situándose en segundo lugar a nivel mundial, después de Tailandia. El sector conservero español es diverso y cuenta con 640 empresas de diferente índole: pequeñas, medianas empresas y grandes grupos de alimentación.

Sobre el etiquetado de la lata

A diferencia del etiquetado del atún fresco, la normativa es más laxa para el atún en lata. La directriz europea obliga a ofrecer información nutricional y la fecha de consumo preferente, eximiendo a las conserveras de detallar la especie, la zona o el modo en que fue pescado. Sin embargo, algunas empresas conserveras y distribuidoras están ofreciendo más información de la exigida legalmente.

Sobre el estado de conservación

En general, el estado de conservación de los atunes tropicales es bueno, menos para el patudo y el rabil, ya que existen áreas donde se han superado los niveles de explotación máxima sostenible, como es el caso del patudo en el Atlántico o del rabil en el Índico, que ha provocado la puesta en marcha de medidas para recuperar el estado de las poblaciones.

Sobre la pesca

En total están registrados 678 grandes atuneros cerqueros en el mundo, de los cuales 28 son de bandera española. Estos buques capturan los ejemplares mediante redes de cerco con las que rodean a los bancos de atunes. La flota española opera principalmente en el Atlántico y el Índico, y sus principales puertos de desembarque son las Seychelles en el Índico, Costa de Marfil, Senegal y Cabo Verde en el Atlántico y Ecuador en el Pacífico. Pero no son los únicos, en los últimos años existen otros puertos importantes, como Madagascar y Samoa Americana, entre otros.

El informe, que puede descargar completo en el repositorio del IEO, ha servido también para publicar dos artículos divulgativos: ‘¿Qué hay dentro de la lata?’ y ‘El viaje de la lata’, además de un vídeo y una colección de infografías sobre la pesca, producción y consumo del atún en conserva que pueden encontrarse en la web www.planettuna.com.

El Instituto Español de Oceanografía (IEO) es un Centro Nacional del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, dedicado a la investigación en ciencias del mar, especialmente en lo relacionado con el conocimiento científico de los océanos, la sostenibilidad de los recursos pesqueros y el medio ambiente marino. El IEO representa a España en la mayoría de los foros científicos y tecnológicos internacionales relacionados con el mar y sus recursos. Cuenta con nueve centros oceanográficos costeros, cinco plantas de experimentación de cultivos marinos, 12 estaciones mareográficas, una estación receptora de imágenes de satélites y una flota compuesta por cinco buques oceanográficos, entre los que destaca el Ramón Margalef y el Ángeles Alvariño. El Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y, en particular, el Programa Operativo de I+D+i por y para el Servicio de las Empresas (Fondo Tecnológico), participa en la cofinanciación de los buques Ramón Margalef, Ángeles Alvariño y Francisco de Paula Navarro, así como en el Vehículo de Observación Remota (ROV) Liropus 2000.

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La bioturbulencia que generan los peces puede ayudar a la mezcla y distribución de nutrientes en las aguas costeras

Los datos de este estudio fueron obtenidos en la ensenada de Bueu en el marco del proyecto Remedios.

El estudio, en el que participan investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC), se llevó a bordo del buque Ramón Margalef

La bioturbulencia que generan los peces puede ayudar a la mezcla y distribución de nutrientes en las aguas costeras
El buque oceanográfico Ramón Margalef saliendo de la ría de Vigo. Foto: Proyecto Remedios

Un nuevo estudio, publicado este jueves 7 de abril por la revista Nature Geoscience, demuestra que los peces contribuyen a la producción de turbulencia y mezcla oceánica en las regiones costeras, por lo que el papel que juegan en la distribución de calor, nutrientes y oxígeno es más importante de lo que se pensaba.

Vigo, viernes 8 de abril de 2022. La relevancia de este artículo radica en que, hasta ahora, la comunidad científica había demostrado que eran los vientos y las mareas los que subministraban la mayor parte de la energía que impulsa la mezcla de las diferentes capas que forman los océanos, pero no se había podido demostrar la contribución de los organismos nadadores a este fenómeno. Así, los resultados de esta investigación, constituyen la primera evidencia obtenida a partir de mediciones in situ de una mezcla oceánica impulsada biológicamente.

En este estudio, un equipo internacional compuesto por varias instituciones de investigación, entre ellas la Universidade de Vigo, el Instituto de Investigacións Mariñas IIM-CSIC, el Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC), la Universidad de Southampton y el Swiss Federal Institute of Aquatic Science and Technology, estuvo quince días vigilando las turbulencias del agua de la ría de Pontevedra, concretamente en la ensenada de Bueu, a bordo del buque oceanográfico Ramón Margalef en el verano de 2018. Estas observaciones surgieron de forma “totalmente fortuita”, explica Beatriz Mouriño, investigadora principal del proyecto Remedios, en el que se enmarca este estudio, ya que la campaña oceanográfica tenía como objetivo estudiar cómo afecta la turbulencia a la vida marina, pero “¡acabamos demostrando que la vida marina puede influir en la turbulencia oceánica, que a su vez influye en la vida marina!”. Esta investigación arrancó cuando el equipo científico observó cómo durante esas dos semanas de campaña cada noche se incrementaba la turbulencia en el agua. Empleando un perfilador de microestructuras constataron que “desde el anochecer hasta el amanecer, las medidas indicaban que, bajo nuestros pies, desde unos 10 a 30 metros de profundidad, se estaba produciendo una turbulencia muy intensa, comparable a la que puede generar una tormenta sobre la superficie del océano”, explica Beatriz Mouriño.

Utilizando la información acústica de la ecosonda montada en el casco del barco y las muestras recogidas con redes, el equipo de investigación pudo atribuir esta turbulencia a la presencia de cardúmenes que se concentraban por la noche en la zona. De hecho, las redes estaban llenas de huevos de bocarte o anchoa europea, Engraulis encrascicolus, lo que evidencia que la señal corresponde a agregaciones de desove de este pez que, con su comportamiento frenético, genera la bioturbulencia.

La estratificación de las rías, la clave

“Creemos que la mezcla biológica fue intensa en nuestras observaciones porque las rías están altamente estratificadas: la temperatura y otras propiedades cambian significativamente a diferentes profundidades”, explica el doctor Bieito Fernández Castro, investigador de la Universidad de Southampton y primer autor del artículo. De hecho, como relata el científico, existen “los estudios anteriores sugieren que la turbulencia biológica causa poca mezcla porque el movimiento circular del agua que generan los peces mientras nadan es demasiado pequeño. Esto es verdad en el océano abierto, donde los cambios de temperatura ocurren en decenas de metros. Sin embargo, nuestros datos muestran que más cerca de tierra, donde los cambios ocurren en un intervalo de profundidad mucho menor, las anchoas son capaces de generar mezcla”.

Así, este estudio revela que, aunque la mezcla biológica puede no ser muy importante en océano abierto, si pude ser significativa en los ecosistemas costeros, donde una elevada producción biológica coexiste con cambios verticales rápidos en las propiedades del océano. La mezcla vertical creada por los bancos de peces podría afectar a la redistribución de la temperatura, nutrientes y gases disueltos, como el oxígeno, que juegan un papel fundamental en el funcionamiento del ecosistema del que dependen los propios peces. Por lo tanto, los descubrimientos destacan la capacidad de los organismos vivos para influir y remodelar el medio físico donde viven.

Los resultados de este artículo se recogen en una píldora divulgativa disponible en inglés y en gallego.

Referencia bibliográfica: Bieito Fernández Castro, Marian Peña, Enrique Nogueira, Miguel Gilcoto, Esperanza Broullón, Antonio Comesaña, Damien Bouffard, Alberto C. Naveira Garabato and Beatriz Mouriño-Carballido, 2022. Intense upper ocean mixing due to large aggregations of spawning fish. Nature Geoscience volume 15, pages 287–292 (2022). https://doi.org/10.1038/s41561-022-00916-3

El Instituto Español de Oceanografía (IEO) es un Centro Nacional del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, dedicado a la investigación en ciencias del mar, especialmente en lo relacionado con el conocimiento científico de los océanos, la sostenibilidad de los recursos pesqueros y el medio ambiente marino. El IEO representa a España en la mayoría de los foros científicos y tecnológicos internacionales relacionados con el mar y sus recursos. Cuenta con nueve centros oceanográficos costeros, cinco plantas de experimentación de cultivos marinos, 12 estaciones mareográficas, una estación receptora de imágenes de satélites y una flota compuesta por cinco buques oceanográficos, entre los que destaca el Ramón Margalef y el Ángeles Alvariño. El Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y, en particular, el Programa Operativo de I+D+i por y para el Servicio de las Empresas (Fondo Tecnológico), participa en la cofinanciación de los buques Ramón Margalef, Ángeles Alvariño y Francisco de Paula Navarro, así como en el Vehículo de Observación Remota (ROV) Liropus 2000.

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